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domingo, 6 de noviembre de 2011

SOLITARIOS Y MÍSTICOS YA HABLARON DE LO OSCURO

Solitarios y místicos ya hablaron de lo oscuro
entreabierto en la luz. Había un breve hueco
del que fluía la música, un transparente y puro
sonido de campana en el vacío seco.
Luego, una voz sin voz, humana y deshumana
figura, os alejaba del sordo griterío,
del mundo abandonando en la última mañana
y os conducía al dintel divinal y vacío.
Detrás, verde y umbroso, el cauce del Olvido
y la pesada barca amarrada a la orilla.
Después, perfecto caos, turbión incontenido
absorbiendo a las almas allá en donde brilla
toda luz, la Luz, océano redondo
o esfera muy deshecha en esferas que van
reuniendo el bien de arriba y el mal de lo hondo.
También en el misterio del más allá están
luchando los opuestos sin fundirse en ninguno.
Círculos en lo blanco, universos de fuego
que enamoran o abrasan sin que logre el uno
fecundarse en el otro para que brote luego.

Antonio Colinas, Noche más allá de la noche

domingo, 23 de octubre de 2011

OSCURO OBOE DE BRUMA, CÓMO SEPULTA EL MAR

Oscuro oboe de bruma, cómo sepulta el mar
tu solemne sonido que despierta a los muertos.
Aquí, en esta ladera que cubre el olivar,
sangre y labio repiten musicales conciertos.
La ladera y sus soles que maduran los vinos,
la tensión del azul volcado de los cielos,
armonía y vacío en espacios divinos,
horror al más allá tras las costas de Delos.
Perdición, extravío de las horas oscuras
del corazón que sueña, en la luz, otros mundos,
mientras la boca va desgranando las puras
notas de arte mortal en los hondos, inmundos
socavones del mal. Pues ¿por qué se da guerra
junto al amor y por qué la voz de la ebriedad
y el dolor infinito van girando en la tierra?
Un año más se funden misterio y soledad.
Y, sin embargo, tú, estrella de la tarde,
ves llegar el final, los bordes del ocaso.
¿Qué secretos oculta este cosmos que arde
en la muerte y qué nos reserva el ocaso?
Mas, en el hondo instante, la música revela
la inmensidad del orbe, la dimensión del ser.

Un aroma de azahar la angustia nos desvela.
Horror y sed de dioses tras otro atardecer.
Oscuro oboe de bruma, entreabre las venas
del mundo en esta paz y arrasa  la Historia.
Vida y muerte se acercan como olas serenas
al corazón que ahuyenta, soñando, la memoria.

Antonio Colinas. Noche más allá de la noche.

sábado, 15 de octubre de 2011

OLVIDABA EL DOLOR Y SALÍA LA NOCHE

Olvidaba el dolor y salía la noche.
Alcor, Mizar, estrellas clavadas en los huesos,
guijarros dela luz en sombrías praderas,
los infinitos hielos destrozados flotando
en el inmenso mar de la más negra pez.
¿Y yo quién soy?, pregunta en el centro del Todo
un cuerpo que recuerda a la nada, materia
deforme en el curso de un dolor que corrompe.
Estrellas, mis estrellas, invisible fluido
conduce hacia vosotras mi música y la vuestra
en mis venas revierte en fogosa crecida.
Quiere el hombre subir allá arriba a  la roca
de su dolor, lanzar desesperada flecha
al mismo corazón de lo oscuro remoto,
grita en lo alto de un monte y ve cómo le caen
en el rostro los bosques petrificados, lluvias
de piedras negras, luces como cardos u ortigas.
Estrellas, mis estrellas, tantas vidas están
partidas, trituradas en vosotros; sois polvo
disperso entre la nada y el vacío, o acaso
añicos de un espejo en el que un dios se miró.

Aún así se os siente como una inmensa marca
de intensísima música, sonido que nos hiere
y al herir dulcifica misterioso al ser
que se siente una parte del infinito cosmos.
Por eso la pregunta del hombre ¿Y yo quién soy?
con la noche profunda se funde, es palabra
arrojada y perdida en un pozo de música.


ANTONIO COLINAS, Noche más allá de la noche.

lunes, 10 de octubre de 2011

EN EL MAR MUERTO


En el mar muerto

Llegar a este confín donde madura
la invisibilidad
y conocer la dimensión extrema
de ser.

El desierto sajado nos abre
su alma de cal,
esa gran esmeralda temblorosa
de un mar que reverbera
y que va ascendiendo como fuego
hasta un cielo inflamado.
                           Unas piedras
sublimes por vencidas, los restos
de un pavoroso incendio.
(Hoy sólo arde ya le fuego blanco
de la luz.)

Un bulto (creo que es una mujer),
acaso está orando bajo el sol desmedido,
inclina derrotada
                           en una piedra
su cabeza de piedra
y pone un beso negro en el lugar
de la víbora.
¿Hacia dónde estará volando su plegaria?
Constelación de lejanías.
Anulación del a memoria.
                           ¿Y el mundo?
Salitre, espesor, cristalización
de una brisa que hierve.
llamarada amarilla del barro.
Amansa la piedad estos montes que son
como bestias abiertas en canal.
El ritmo
                 envolvente
                           de la luz
acompasa mi cuerpo,
                           refluye
el abandono,
                           mana
de una fuete de labios
la plegaria sonámbula,
respira
                 en su delirio
                           la palmera,
y yo voy respirando mientras bebo
el más allá en el espacio blanco.
Más allá que está aquí, fosilizado.
¡Extremada certeza de ser!
                           ¿O de no ser?
Las rocas son mi carne.
Las piedras son mis lágrimas.
Soy tiempo que no pasa.
Éste no es mi vivir: el de los años
que estuve desviviéndome.

Y cuando intento hablar
cada palabra viene del silencio
y retorna al silencio.
Tierra y cuerpo son uno
en la luz del silencio.
Que perdure este tiempo
                           sin tiempo
que enciende en extravío infinito
la llama de una vida más plena.

Ésta es la dulce muerte del saber
que en esta luz que abrasa y va entregando
la savia de su vida
                           a nuestras vidas,
ya no existe la sed del ansiar más,
ya no existe la angustia de saber.
Acto puro
                           de la respiración
y de ser respirado por el mundo.
Frente a ese morir que hemos llamado vida,
esta calma:
                           la de un silencio verde
que asciende desde un mar
que llaman Muerto,
pero que da la Vida.

Cuerpos se bañan en la lejanía
como en vidrio molido.
Cielo abatido en el desierto,
                           mar
elevado a mis ojos.
Desierto de mis ojos entregado
en el ara del sol.
                           Oasis
del contemplar.
                           Salí, salí de mí
cuando en realidad estaba muy adentro,
sumido en un círculo,
                           y giraba
regresando a mi estrella perdida,
a mi astro olvidado.

Y en esa travesía del desierto
que es todos los desiertos,
inspirando,
                           espirando,
me pareció oír unas palabras
que gemían, acaso las del hombre
que aquí vino a sembrar luz en el fuego:
"Dejad ya de sacaros los humanos
ojo
                           por ojo,
pues podría quedarse el mundo ciego".

Sángrame, luz, muy lentamente,
                           sángrame,
hasta que sea mi luz la que en ti pierda
dulcemente la vida.
                           Y que sea la muerte
solamente una ofrenda,
solamente una ofrenda.


Antonio Colinas, Desiertos de luz.

domingo, 9 de octubre de 2011

JUNTO AL MURO


Vuelve tu rostro hacia el muro, cierra
los ojos y los labios: sólo escucha.
¿Es que no oyes la música que sana?
¿Está dentro de ti y no la sientes?
¿No sientes cómo te arrastra y te deshace
ideas y pasiones: tus heridas?
No es ella un palpitar de sangre, no es
la música que tiembla por tus nervios,
la música que suena por las venas,
el son del corazón bajo una mano.

Se trata de una música que arde
sin consumirse, que por siempre embriaga;
se trata de una música que suena
para aquel que no escucha, que le habla
a quien no habla y que muy dulcemente
le abre los ojos para siempre a aquel
que los tiene cerrados a la luz
porque se abisma en busca de otra luz.
Recógete, respira, pon las manos
y la frente encima de la piedra
y escucha el silencio, y escúchate.
¿No vas sintiendo suavemente cómo
es música secreta la que suena
fuera de ti, estando tan en ti?

Tu música y la música del mundo
son una sola música, pero hay
que arder para encenderla en tu interior,
que ser llama que escucha el vendaval.
Es música que enciende en plenitud
por siempre al que en su noche persevera.
Está dentro de ti: si das con ella
misteriosa resuena, ignota salva,
oscura te ilumina y te transforma
mientras que tú persigues cada día
músicas que jamás serán la música,
que al seguirlas te pierdes, no las oyes
aunque creas que oyes, y no saben,
aunque crean que saben, tus palabras.

Vuelve tu rostro hacia el muro, cierra
los ojos y los labios: sólo escucha.
¿Es que no oyes la música que sana?
Se trata de una música que está
dormida en tu interior, mas que despierta
con el silencio y arde muy adentro.
Si la oyeras, al fin conocerías
la alegría: el goce de ser llama.

Oirías el sonido de la luz.

Antonio Colinas, Desiertos de luz.